
De todos es sabido que no es de buena educación hablar mal de los muertos pero, de todos es sabido también, que a veces hay que dejar salir la mala educación genética que todos llevamos dentro. Y es que mi cámara de fotos (que Dios la confunda!) no encontró mejor momento para pasar a mejor vida que durante mi primer día de estancia en Moscú. Se intentó de todo: respiración asistida, by-pass, trasplante de urgencia... pero la muy traidora había expirado ya. Con lo que hemos sido el uno para la otra!.
Con esta papeleta, no me quedaba otra que improvisar, o mejor dicho, apelar a la bondad de (en este caso) los conocidos. De todas formas, antes de exhalar su último suspiro digital, aún dejó que le metiera dentro algunas fotos aunque no muchas. Espero que me permita descargarlas antes de ser enterrada en el fondo del cubo de la basura. La parte buena es que cuento las horas para tener una nueva y (espero) mejor.
El viaje empezó con un madrugón de esos que no pueden ser sanos se mire por donde se mire. Primera parada: aeropuerto Charles de Gaulle de París. Sin duda, el peor aeropuerto del mundo. A la tradicional mala educación y cara de palo de los franceses hay que añadir controles absurdos de seguridad cada quinientos metros que a la vuelta casi nos hacen perder el avión que debería devolvernos a la Patria Querida. Pensarán que desde la última vez que me obligaron a despelotarme (unos doscientos metros más atrás) me había dado tiempo a fabricar una bomba y esconderla?. Por lo menos a G siempre le tocaban chulazos en el cacheo. A mi, la versión "femenina" de un funcionario de prisiones. Me sentía como Rossy de Palma en Kika, "rodeá de tías tol santo día!". Habría que inventar una solución, algo así como: "quiere el billete con magreo y mala hostia en París o lo pasamos por alto?".

Moscú desde el aire ya da una idea de lo que te vas a encontrar en tierra. Una mega urbe de once millones de habitantes (sin contar zona metropolitana) con una contaminación extrema y un tráfico demencial. Los rusos no respetan las señales de tráfico, los límites de velocidad en la ciudad (van a mil) ni los pasos de cebra. Eso sí: en una calle del tamaño de la Castellana (por ejemplo) pasas por cualquier sitio que no sea un paso de peatones ni un semáforo (el rojo lo consideran algo orientativo) y con sólo alzar la mano, los coches paran y te dejan pasar. Primera curiosidad local a la que has de acostumbrarte si quieres volver al hotel sin pasar por la sanidad moscovita. La ciudad está repleta de pasos subterráneos que huelen a pis y donde siempre hay gente bebiendo. Algunos de estos pasos se han convertido con el paso del tiempo en auténticos mini mercadillos donde puedes comprar desde tabaco (baratísimo; el Chesterfield al cambio, unos 70 céntimos de euro) hasta flores o imitaciones falsísimas de huevos Fabergé. Otros están tan desiertos y son tan oscuros que lo único que te queda es apretar tu culito occidental y acelerar por lo que pueda pasar.
La ciudad es simplemente, impresionante. Todo es grande y todo es excesivo. Edificios de la época soviética conviven con lo último del capitalismo sin (aparentemente) conflictos importantes. Enfrente del antiguo edificio de la KGB (que da un miedo que te pasas aunque lo veas a plena luz del día y con sol), está uno de los centros comerciales más exclusivos de Moscú: Ferrari, Lamborghini, Jaguar y Mercedes en la parte derecha y Cavalli, YSL, Ferragamo, Bottega Venetta y Cartier en la otra. Es una ciudad de contrastes: Ladas de la etapa soviética con más años que el hilo negro circulan como pueden esquivando los BMW, Audi y Toyota de última generación. Abrigos de paño, gorros de piel y pañuelos de flores en la cabeza comparten asiento en el metro con bolsos de Gucci, pantalones pitillo y taconazos de vértigo. A las moscovitas les apasiona un buen tacón y (algo muy curioso) una buena media de cristal. No creo que sea por el frio porque no creo que esas medias protegan mucho, sino porque, simplemente, les gusta. Lo mismo que les apasiona salir pintadas como puertas a las ocho de la mañana.
Los rusos (hombres) se dividen en dos categorías: los feos sin más, adictos al mafia-look (pantalón de vestir negro, zapato negro y cazadora de cuero negra) y los medio monos, que son una mezcla entra chapero de extraradio y modelo de Hedi Slimane. Muy poco que reseñar en este aspecto.
Las rusas son en general, guapísimas. Paseando por Moscú o San Petersburgo uno entiende la invasión de modelos del este en las pasarelas del mundo. Todos (ellos y ellas) tienen una piel increíble. Sin duda debido al frio. Algo que en Moscú no disfrutamos mucho (estábamos a unos 13 grados de máxima) pero que en la ciudad de los canales pudimos apreciar en toda su grandeza. La madre que lo parió, qué friío!. Ya le dije a G (estaba feliz) que se fuera olvidando del viaje a Finlandia, Islandia y todo lo que acabe en "andia", excepto Disneylandia.
Presencia patria: por supuesto Zara (alrededor de un 20% más caro que en España) y Pull and Bear, pero también Andrés Velencoso en una publicidad tamaño XXL en pleno centro de Moscú para Ermenegildo Zegna y Penélope Cruz dándote la bienvenida al Mango que hay en el centro comercial subterráneo cercano a la Plaza Roja. También Almudena Fernández en la fachada de Carrera y Carrera de la Avenida Nevsky de S. Petersburgo. Y para de contar.
La Plaza Roja es un universo en sí mismo. Una de las plazas más grandes del mundo, a la entrada conviven puestecillos de matrioskas (han conseguido que acabe odiándolas por saturación) y souvenirs de dudosísimo gusto con el doble de Putin (es igual) con el que puedes hacerte fotos gratis, un señor con un halcón (también para la foto), gente protestando megáfono en mano sobre lo que sea, vendedores ambulantes de caviar, pieles, parafernalia militar soviética y millonarias skinny que no se dirigen a donde todo el mundo, sino a los FABULOSOS grandes almacenes Gum que ocupan toda la parte derecha de la plaza. Dior, Vuitton y compañía vigilan el mausoleo de Lenin (vacío porque al parecer han trasladado al camarada Vladimir Ilich a otra parte porque era muy caro mantenerlo ahí o algo así).
Enfrente de los Gum, las murallas del Kremlin. Algo que no se puede explicar si no lo has visto y cerrando la plaza, una de las iglesias más maravillosas de Rusia: San Basilio, que sólo se puede ver por fuera pero que, aún así, merece mucho la pena. Entre las murallas del Kremlin y la tumba de Lenin, todavía conservan el espacio desde donde el Politburó del PCUS observaba los eternos desfiles militares soviéticos envueltos en paño gris, condecoraciones y pieles.
Si alguien tiene pensado visitar Moscú y Rusia en general que sepa que por muy turístico que sea el sitio o muy bueno el hotel, prácticamente nadie habla nada que no sea ruso. Nosotros estuvimos en una farmacia del centro de Moscú practicando el lenguaje más viejo del mundo con la manceba: el de signos. Todo para pedir un jarabe para la tos. Era para vernos. Seis españoles contra una rusa, todos haciendo gestos y aportando su visión particular ("lo que tu veas...") de cómo decir con gestos que quieres un jarabe.
Nuestro hotel en Moscú era un edificio mastodóntico de la época soviética que por la noche se iluminaba. Fue construído en 1979 para las Olimpiadas y todavía sigue en pié. Más de mil quinientas habitaciones, controles continuos para poder subir a tu habitación (esto es muy habitual) y con una especie de mini Las Vegas en la planta baja. Casino, máquinas tragaperras, cervecerías, tiendas de souvenirs y chicas ejerciendo el trabajo más viejo del mundo en el bar Gagarin cada noche. Yo estaba feliz rodeado de tanto kitsch pero esa no fue la opinión general. Por cierto, Alterego aumentó su colección de camisetas con un vintage de las olimpiadas del 80, con osito Mischa y todo. Más felicidad.
El metro de Moscú: desde luego, no es nada que se pueda comparar a algo ya visto en otra parte. Bóvedas, vidrieras, pan de oro, lapislázuli y mármol en las columnas, mucha propaganda soviética (por todas partes estatuas que hacen referencia a la unión entre obreros, campesinos y partido)... sin embargo, personalmente, me defraudó un poco. Es verdad que tampoco era algo que tuviera especial interés en ver. Así como en el Hermitage ya estaba nervioso al sacar la entrada (y no me defraudó), el metro lo hubiera pasado por alto tranquilamente. Aún así, muy recomendable por excesivo y por raro. Además, son pocas estaciones que están relativamente cerca y se ve en un plis-plás.
Fin de la primera parte.
Próximamente en Las Ventajas: San Petersburgo, aerolíneas rusas, el mundo rural y vuelta a casa.

12 comentarios:
Y al final os dio o no la manceba el jarabe? Ay que intriga
Al final nos lo dio pero con mucho esfuerzo por parte de todos! :)
ya estoy deseando la segunda...
Un beso!!
Dichosos los ojos... nene, la momia de Lenin estaba en el taller, desde hace unos días está expuesta otra vez, que lo leí ayer en El País. Por cierto, el conservador de la momia, que debe ser un humorista dice que no le cambian el traje desde hace años, y que ahora menos con la crisis y tal :)
Un saludo y excelente crónica.
Oh! me alegro que te lo hayas pasado tan bien. A mi Moscu no me gusta mucho, es una ciudad increible, pero creo que no me apeteceria volver.
Un besazo!
uffffff que envidia massssssssss grandeeeeeeeee!!! y lo de la camiseta con el osito Mischa ya ni te cuento... deseando leer la segunda... ¿como serán los antros gays? ¿os pegaron? ¿las locazas moscovitas están peor de la cabeza que las de chueca?... segunda parte ya!!!!!
JAJAJAJAJAJA. Me ha encantado tu descripción de Moscú. Mi madre estuvo, creo, por las mismas fechas y me la imagino rodeada de todo ese ambiente.
Por favor, creo que me encanta la camiseta de Mischa.
Un abrazo,
Jose
Buenísima la apreciación de "rodeada de mujeres tol santo dia"!jaja
xo.xo.
Te echábamos de menos!!
Lo de la Farmacia me ha fascinado, habría que veros....
Esperamos con ansia la segunda parte!
Besotes!
Que envidia de viaje ;)
Un beso
jajajajajajaja, ahora paso a la segunda, que no me gusta esperar y me encanta leer todo de golpe! ;)
Voy a ir en julio - Agosto con unos amigos a Rusia, como he leido tu grandiosa descripción de Moscú, estoy deseando llegar a Moscú, para disfrutarlo en persona.
Espero la segunda parte.
PD: Hace dos años una amiga y yo tuvimos una experiencia parecida en Belgrado en una farmacia...
El chico nos entrendió al final, y hasta ligamos con él,nos sirvió hasta de guia
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