viernes 20 de noviembre de 2009

Crónica de Babel

Todas las cosas en la vida tienen un principio y un fin. Todas las cosas en la vida tienen una primera vez y yo el miércoles tuve mi primera vez: Iberia me perdió la maleta. No en vano tiene el "mérito" de ser la compania aérea europea que más maletas pierde y, entre ellas, la mía.
Ya no es el mal cuerpo que se te queda, ni que tengas que pedir un cepillo de dientes por caridad en el hotel, son esas cosas que, por un breve (o no) espacio de tiempo andan perdidas por ahí. Tus cosas. Tuyas y de nadie más y que, debido a la ineptitud de quien sea (me da igual), puede que esten en manos de "otra" persona, de "cualquier otra persona" que no seas tú (o sea, yo).
No me importaba la cuantia económica de todo lo que iba a perder, tampoco que nada mas llegar tuviera que irme de compras en una ciudad totalmente desconocida para mi, lo que verdaderamente me desquiciaba (si eso fuera posible porque estaba agotado y con un tremendo dolor de cabeza que no quiso perderse la fiesta), era no volver a ver mis Evisu, mis camisetas favoritas regalo de DKNL (la de Anna Wintour vestida de Guadalupana con manto de Louis Vuitton me hacía llorar cada vez que se me aparecia cual si fuera la auténtica que se le apareció al indio Juan Diego pero versión 5th Avenue), mis Converse amarillas (poco mas puedo decir...), mis tres chapas favoritas...
Y es que uno nunca piensa que estas cosas le pueden pasar. Mi amiga B, que es muy fashionista y muy suya, jamás viaja con su ropa favorita. Siempre con ropa, digamos, serie B y así se ahorra el posible disgusto de ver su maleta rulando por esos mundos de Dios. El caso es que yo no tengo cuerpo. Ya me cuesta dejarme cosas. Pienso que las maletas deberian ser tan grandes como aquello que le quisieras meter dentro (dicho asi parece que este post lo este escribiendo Indhira de GH11) y tan leves como un folio para poder acarrearlas por medio mundo sin que la espalda te mate a dolores.
Pero como casi todas las cosas en la vida, esta tambien tuvo un final y, en este caso, feliz. Mi maleta apareció al dia siguiente y encima las Líneas Aéreas de Espana me indemnizaban con 50 euros que, eso si, deberia gastarme en ropa. Pues ya ves que sacrificio...
En fin. Bien esta lo que bien acaba. O eso dicen.
Pasado el incidente de la maleta, vivo en una Babel gritona y estresada. En este pais parece que los estresados sólo somos los de fuera. Los portugueses no conocen la prisa. Hasta que te subes en sus taxis y te encomiendas a todos los santos del cielo. Mi chofer de los dos primeros días era muy guapo y sonreía amablemente a las siete y media de la manana cuando me esperaba a la puerta del hotel y yo, aun conmocionado por el incidente de la maleta, pense que todos los choferes portugueses eran igual de amables y de guapos. El tiempo, que da y quita razones, me puso en mi sitio.
Todavia no he visto nada de la ciudad. Espero poder ponerme a patearla este fin de semana. El hotel esta en el puro centro, es un edificio del siglo XIX rehabilitado con los tipicos azulejos en la fachada y esta ubicado en un barrio lleno de galerias de arte y tiendas de ropa "alternativa" (o lo que aqui entienden por tal). Ya veremos.
Fin de la primera cronica.
No garantizo que haya mas porque este ordenador con teclado portugués me pone muy del hígado...

martes 17 de noviembre de 2009

Colecciones de invierno: Davidelfin









No deja indiferete a nadie y es de los pocos españoles que, junto con José Castro y Amaya Arzuaga, tienen un universo propio. Aún reconociendo que sus primeros trabajos eran bastante mejores, nunca defrauda.
Además, siempre me invita a sus eventos...

NOS VEMOS A FINALES DE DICIEMBRE!

lunes 9 de noviembre de 2009

HipoTK2 (Love Hurts)



Seguramente Peter Pan nunca pensó en los diferenciales, en el Euribor, en los metros cuadrados útiles y en los construídos, en constructoras, en financiación.... ni yo tampoco. Pero parece que el tiempo de ser Peter Pan ya ha pasado.
Desde el pasado 23 de octubre, G y yo somos los orgullosos propietarios de un piso. Es la primera vez que lo escribo y siento que el vértigo vuelve. Pero vamos por partes.

Previously on HipoTK2...

G está en cama con una de esas molestias muy molestas que afectan al aparato urinario (y por extensión a toda nuestra vida de pareja; no comment). El caso es que un día me dice (entre estertores de agonía que él para sus cosas es muy suyo), que le acerque unos planos que hay sobre la estantería de nuestro salón de alquiler. Poco (poquísimo) podía imaginarme yo que ahí estaba empezando el resto de mi nueva vida. Yo había visto esos planos pero no les presté atención habida cuenta de la afición de mi santo a traerse trabajo a casa. Total, que de pronto me veo eligiendo entre el 3º A o el 5º B. Como si no tuviese otra cosa que hacer, como si toda mi vida hubiese estado esperando ese momento.
Como soy de natural confiado, y algo vago también hay que decirlo, pienso que todo eso es a largo plazo, que ya llevábamos tiempo viendo algún que otro piso aunque siempre de forma nada formal y siempre descartados porque no nos gustaba el barrio, o la fachada o la distribución o porque no tenía garaje... Pero en este caso no iba a ser así.



Una semana después, mientras toda la ciudad celebra los fastos de los Premios, me veo a mi mismo como desde fuera esperando a G en una calle de nombre precioso donde nuestra (yo todavía no la consideraba como tal) inmobiliaria tiene su sede. Se da la circunstancia o la casualidad (para quien crea en ellas) que en esa calle esperaba a G cuando empezamos a salir. Él, en su lucha titánica de siglos contra el idioma inglés (algo que empiezo a sospechar que acabará dominando aunque sólo sea por agotamiento del idioma), acudía a una academia en esa misma calle y yo le esperaba a la salida con Manic Street Preachers en los cascos y sentado enfrente de la que ahora es mi inmobiliaria de referencia. Sorpresas te da la vida. Todo esto lo pensé mucho después, recién salido de mi enésimo ataque de ansiedad. En ese momento no era consciente de ello (bueno, no era consciente casi de nada).



El chico de la inmobiliaria (en adelante, J), nos recibe con amabilidad de comercial y en su cara se refleja lo que está pensando para sus adentros (es difícil pensar hacia afuera...). Minutos después, apabullado por las preguntas específicas de G y algo aturdido (supongo) por mi sonrisa nerviosa (y exhultante de carisma también), se decide a llamarnos "chicos". Así, en general, como dando a entender que "entendía" lo que pasaba. O sea. Que le estaba vendiendo un piso (mejor dicho, le estábamos comprando un piso porque él poco hizo, la verdad) a dos maricones. Vale. Pasado el shock inicial, J se puso las pilas que al fin y al cabo, se trata de vender. Qué cansinos son a veces los heteros...
Y hete aquí que, dos semanas después, ya tenemos piso. Todavía queda tiempo para que lo ocupemos porque está en construcción y tengo que decir, aunque me pese, que mola. Mola decirle al arquitecto las reformas que queremos y mola empezar a fijarte en tiendas de decoración. Y hasta ahí.

Lo más curioso de todo es que cuando se lo decimos a nuestros amigos, a pesar de que habíamos decidido por consenso que no abriríamos la boca hasta tener las llaves en la mano, todos (sin excepción) lo que esperaban era un anuncio de boda y no de hipoteca. Yo creo que ya más casados no podemos estar. Lo estamos por el rito de la hipoteca y con la bendición del banco. Algo sin duda más poderoso que cualquier religión o cualquier juzgado. Además, yo hasta que no pueda casarme por la Kabala no pienso dar el sí oficial. No soy religioso pero de tener que elegir alguna qué menos que la de Madonna, Demi o Ashton...



Más novedades: el documental para el que he escrito los textos se estrena en el Festival de Cine de Gijón (festival indie de referencia en España). Más vértigo. Falta de tiempo y encima, voy a quedarme sin ir porque estaré fuera del país por cuestiones de trabajo, aunque no se si Portugal se puede considerar estar fuera del país...



Love hurts: mi amor por las Dr. Martens me estan costando la salud. Nunca (recalco) pensé que fuera tan duro domar a las susodichas botas. Recibo consejos de todo quisque, desde los que me aconsejan que las atiborre a Nivea (lata azul de toda la vida) hasta los que me recomiendan que las mande sin demora a freir espárragos al fondo del armario. Pero estoy por darles todas las oportunidades posibles.
Así, llevo los pies vendados con tiritas como si fuera Memorias de una Geisha y a base de dos pares de calcetines (que las botas se encargan también de destrozar poco a poco), parece que voy ganando la batalla. Ellas y yo sabemos que sólo puede haber un ganador. Sólo puede quedar uno y por mis huevos que ese voy a ser yo.
He descubierto el placer del dolor gracias a ellas. Sólo espero que no dure mucho. Y esto, viniendo de alguien que se compró unas Vans dos números más pequeñas porque eran las últimas que quedaban y acabó por domarlas, creo que tiene un valor añadido.

El amor duele. Unos más que otros. El dolor te recuerda que estas vivo. La hipoteca te recuerda que nunca volverás a Nunca Jamás, que nunca jugarás con los Niños Perdidos, que nunca pasarás las noches persiguiendo a tu sombra...

O si???

sábado 7 de noviembre de 2009

La música de Alterego



Fangoria
Retorciendo palabras

domingo 1 de noviembre de 2009

Halloween









Había preparado un post pero al final quedó tan oscuro, siniestro y extraño que, de momento, va a pasar una temporadita en la nevera. Ya veremos en qué queda.
Hay días en los que no se debe escribir nada...
Feliz Halloween!!

miércoles 21 de octubre de 2009

Impuesto de Sucesiones

Hace unos días, leyendo la biblia bloguera por excelencia (The Sartorialist), me entero de que Giorgio Armani acaba de salir de una hepatitis bastante grave, lo cual ha llevado a plantearse el siempre espinoso tema de la sucesión.

A mi, creo que de todos es sabido, no me gusta especialmente lo que hace este señor, aunque no por ello dejo de reconocer su valía. Se ha mantenido en lo más alto desde que saltara a la popularidad más callejera gracias a los trajes que lucía la inmejorable percha de Richard Gere en la, por otra parte bastante mediocre, American Gigoló. Tengo que reconocer que lo único que recuerdo con verdadero cariño es la escena del desnudo del futuro intimísimo de Su Santidad(el Dalai Lama, no B16 que sólo tiene por íntimo a su secretario personal). De lo demás, ni me acuerdo. Esa es la verdad.



Sin embargo, los trajes de Gió (Caro Gió para la simpar Dellate), cosntituyeron todo un revulsivo para la época. Fueron la imagen icónica de aquellos felices ochenta, que tantos disgustos traerían después y que vistos desde nuestra perspectiva actual, fueron como un juego de niños. Es posible que con la que está cayendo, la vuelta una y otra vez de los diseñadores hacia la década de la movida, Joan Collins (que dice que ahora sólo se viste en Primark) o Jane Fonda y su aerobic, sea una manera de reivindicar esa parte lúdica de la moda y, en definitiva, de la propia vida.

En los ochenta todo era exceso, alegría, derroche, ganas de vivir, de follar y de ponerse hasta las patas. Y, en medio de todo ese berenjenal (confetti, traca y megatrón), los trajes de Armani para el hombre triunfador y para la mujer que quería (más bien, exigía) ser tomada en serio (y hasta temida reverencialmente), fueron el uniforme imperante de toda una década.



Su nombre se asoció de manera inmediata e indeleble (por lo que parece) al lujo y sobre todo, al éxito social. No eras nadie (no eres nadie) si no tienes al menos, un Armani en tu armario. Hace bien poco veíamos como el (hasta entonces) mayor corrupto de la historia reciente de España, llenaba su closet con Armani a tutiplén, gracias a los incautos (o no tanto) que habían caído en sus garras y en las de Gescartera (por cierto, varios obispos los primeros).

A lo que voy que me disperso. Es que me pones un corrupto delante y me pierdo...

El caso es que tras años de éxito sin cuento, de vestir a la Preysler, la Loren, la Leti cuando era normal y etc, etc. el buen señor tiene un jamacuco y todo el mundo se pone a temblar pensando en la edad que gasta el Caro Gió. Hay que decir que está estupendo para su edad (es horrible esta expresión pero no encuentro otra mejor). Y aparece como Mercedes Milá en las pantallas de GH, la terrible y espinosa cuestión de la sucesión, que viene a ser como una nominación definitiva.

Cuando el loco aquel decidió pasar a la historia gracias a acabar con Gianni Versace en la puerta de una de sus mansiones, alguien escribió que Santo heredó el poder, Allegra heredó el dinero y Donatella las riendas creativas pero... quién heredará el talento?.



Algo parecido puede pasar con el caso de Armani. Es, por supuesto, sólo hablar por hablar. No seré yo quien le desee nada malo a este buen hombre. Al contrario.
Visto el baile de sillas que hay en las grandes casas de costura europeas y del acecho de las grandes corporaciones del lujo, es muy posible que, a su debido tiempo, algo similar ocurra en esta. Demasiados jefes y muy pocos indios.

Cuando el alma de una maison desaparece por motivos naturales (YSl, Balenciaga, Chanel) o por motivos sobrenaturales (Ungaro, Lacroix) qué es mejor para esa casa?. Dejar que el legado se quede como está o permitir que cualquier skater de diecinueve años abalado por alguna todopoderosa editora de moda tome las riendas y lo mande todo al carajo?.
Es repetible y extrapolable el caso de Tom Ford en Gucci o Stephano Pilatti en Saint-Laurent?. O es más que probable que volvamos a asistir a diseñadores y creativos (cuando no starlettes ex-disney y ex-rehab) intentando vendernos la moto?.

Debe una casa desaparecer con aquel/aquella que le dió vida y razón de ser?
El beneficio económico lo justifica todo?
Es de recibo algunas cosas que estamos viendo a diario bajo el nombre de auténticas leyendas del arte?
Por qué se mosquean tanto cuando alguien usa su nombre sin permiso y ni parpadean cuando alguien supuestamente genial destroza y vulnera sin piedad toda una visión del mundo y de la moda?.

Por dinero baila el perro pero... hasta cuándo durará el baile??

viernes 16 de octubre de 2009

Colecciones de invierno: Alexander McQueen

La imaginación y el buen gusto de este hombre con pinta de hooligan inglés parece que no se acaba nunca (por suerte). No sólo ha presentado la mejor colección de mujer de la Semana de la Moda de París, sino que sus colecciones para hombre, aunque pasen algo más desapercibidas, son, simplemente, fabulosas.

El invierno según McQueen:













Hijo de un taxista y un ama de casa, tras presentar su primera colección, Isabella Blow (musa y amiga) le dijo a su madre: "Enhorabuena Señora. Ha parido usted al Yves Saint-Laurent del siglo XXI". No me puedo imaginar mejor cumplido ni mayor verdad.
Amén.