
Parece mentira como pasa el tiempo pero ya estamos a finales de julio y yo todavía permanezco fiel al color de invierno-invierno.
Un día más añorando las vacaciones que es como si no fueran a llegar nunca. Sigo contando (o mejor dicho, descontando) los días. Deseo que llegue septiembre para pirarme con G al sur del sur a una playa lejana y desierta donde descansar nuestros cansados huesos y nuestros (más) cansados cerebros.
Sueño con levantarme a la hora que el cuerpo me mande (y no el despertador). Sueño con desayunos interminables en la terraza leyendo el periódico. Sueño con ver cómo G va tomando toda la gama de rojos posibles en este mundo. Sueño con dejar de oir los 40 Principales gracias a la "bondad" de mi vecina y a la inestimable ayuda de su super equipo de música.
Sueño con tirarme al sol con un best seller de esos que te dislocan las muñecas y arrastrarme hasta el bar más cercano en busca de una Mahou helada. Sueño con bañarme en bolas. Sueño con tomar el sol en bolas. Sueño con estar todo el día en bolas (pocas cosas hay que me gusten más).
Sueño con estrenar modelazo cada noche. Y con unas zapatillas negras de esparto (esto no entiendo muy bien por qué, pero el hecho es ese).
Mientras tanto, disfruto con mi amiga B que acaba de volver de Los Caños negra como tormenta de verano. Mientras tanto, soporto como puedo la rutina diaria. Mientras tanto, me consuela ver que todavía en la blogosfera queda algo de vida. Mientras tanto, "me encanta" que DKNL y Elena C me llamen casi a diario desde Ibiza para darme envidia (de la mala, que ya se sabe que de la otra no existe).

Mientras tanto, el viernes me consuela saber que saldré de copas con Los Kamikazes del Karaoke. Mientras tanto, me alegra recibir buenas noticias de Los Ilegales y saber que también ellos están al borde y que sueñan con el verano.
Mientras tanto, repaso fotos de veranos pasados e intento reconocerme en ese chaval. Pienso en qué pensaría entonces, en cuáles serían mis sueños, en qué lugar habitarían mis risas y mis fobias... y descubro sin nostalgia que ya no soy ese. Soy otro. Y soy mejor.
Mientras todo esto llega, cada noche antes de dormir, en ese preciso momento en que sabes que te vas a quedar KO, alargo mi mano hacia el otro lado de la cama donde, invariablemente, aguarda la mano de G como un salvavidas que ocupa ese espacio sólo para que yo me agarre. Sonrío antes de quedarme dormido y pienso que no todo está perdido, que después de todo, no puedo quejarme...



















