miércoles 29 de julio de 2009

Diario de verano



Parece mentira como pasa el tiempo pero ya estamos a finales de julio y yo todavía permanezco fiel al color de invierno-invierno.
Un día más añorando las vacaciones que es como si no fueran a llegar nunca. Sigo contando (o mejor dicho, descontando) los días. Deseo que llegue septiembre para pirarme con G al sur del sur a una playa lejana y desierta donde descansar nuestros cansados huesos y nuestros (más) cansados cerebros.
Sueño con levantarme a la hora que el cuerpo me mande (y no el despertador). Sueño con desayunos interminables en la terraza leyendo el periódico. Sueño con ver cómo G va tomando toda la gama de rojos posibles en este mundo. Sueño con dejar de oir los 40 Principales gracias a la "bondad" de mi vecina y a la inestimable ayuda de su super equipo de música.

Sueño con tirarme al sol con un best seller de esos que te dislocan las muñecas y arrastrarme hasta el bar más cercano en busca de una Mahou helada. Sueño con bañarme en bolas. Sueño con tomar el sol en bolas. Sueño con estar todo el día en bolas (pocas cosas hay que me gusten más).
Sueño con estrenar modelazo cada noche. Y con unas zapatillas negras de esparto (esto no entiendo muy bien por qué, pero el hecho es ese).
Mientras tanto, disfruto con mi amiga B que acaba de volver de Los Caños negra como tormenta de verano. Mientras tanto, soporto como puedo la rutina diaria. Mientras tanto, me consuela ver que todavía en la blogosfera queda algo de vida. Mientras tanto, "me encanta" que DKNL y Elena C me llamen casi a diario desde Ibiza para darme envidia (de la mala, que ya se sabe que de la otra no existe).



Mientras tanto, el viernes me consuela saber que saldré de copas con Los Kamikazes del Karaoke. Mientras tanto, me alegra recibir buenas noticias de Los Ilegales y saber que también ellos están al borde y que sueñan con el verano.
Mientras tanto, repaso fotos de veranos pasados e intento reconocerme en ese chaval. Pienso en qué pensaría entonces, en cuáles serían mis sueños, en qué lugar habitarían mis risas y mis fobias... y descubro sin nostalgia que ya no soy ese. Soy otro. Y soy mejor.

Mientras todo esto llega, cada noche antes de dormir, en ese preciso momento en que sabes que te vas a quedar KO, alargo mi mano hacia el otro lado de la cama donde, invariablemente, aguarda la mano de G como un salvavidas que ocupa ese espacio sólo para que yo me agarre. Sonrío antes de quedarme dormido y pienso que no todo está perdido, que después de todo, no puedo quejarme...

jueves 23 de julio de 2009

La mala educación



Puede que sea fruto de la edad (no lo podemos descartar) y que ya me esté convirtiendo en lo que, en el fondo, siempre he querido ser: un viejo gruñón que vive rodeado de libros y que protesta en la cola del banco, del autobús, del sex shop... en cualquier sitio donde haya una buena cola porque, desgraciadamente, razones para protestar hay a millones.

Será por eso o serán imaginaciones mías pero en este verano en la ciudad, con las vacaciones a un tiro de piedra, me parece que la gente es más maleducada que en invierno. No voy a entrar a saco en el por qué de que la peña se disfraze en cuanto llega la canícula. No voy a entrar en los pantalones piratas, en las riñoneras, en las camisetas de tirantes para ellos ni en la maldita manía de llevar chanclas todo el tiempo (la pedicura y el jabón es algo que la mayoría de usuarios de estos complementos típicamente veraniegos desconocen por completo). Sin embargo, sí que voy a entrar a saco (Paco) en la mala educación.

Mucho me temo que no es algo netamente reservado al estío sino que va camino de convertirse en general. Recuerdo un profesor de la facultad que nos decía que la verdadera revolución en una sociedad, casi nunca es política, sino social y que siempre empieza por la pérdida de las formas.
No es que proponga una vuelta a los tiempos de Sentido y Sensibilidad (mi maltrecha espalda no creo que soportara tanta reverencia), ni, por descontado, a la época de la moral y las buenas costumbres impuestas por el Enano Gallego en sus cuarenta (principales) años de bota en la cabeza y nubarrones grises, pero algo intermedio no estaría mal. Se trata simplemente de sentido común, de pensar no solamente en tí, sino también en los demás.



Ejemplo clarificador: centro comercial atestado de gente, día de diario (los fines de semana no me lo quiero ni imaginar) y alrededor de las cinco de la tarde. He visto ropa tirada por el suelo, niños perdidos mientras sus "madres" (?) le dan a la sin hueso sin control, gente que escupe en el suelo (al menos es de agradecer que lo hagan ahí), gente que se cuela en el autobús, gente que corre hacia el autobús como si las plazas estuvieran a precio de oro o como si estuvieran siendo evacuados de un cataclismo nuclear, empujones, pitidos y chonerío... mucho chonerío.



Porque esa es otra. Es algo reservado únicamente a los centros comerciales (que Dios confunda!) o es algo generalizado?. Dónde se esconden los chonis en invierno?. Probablemente, en ningún sitio. Lo que pasa es que la gente normal, la que no sale en Callejeros, paga sus impuestos y madruga a diario, está de vacaciones. Es entonces cuando la ciudad se transforma en su reino personal. Aprovechándose de que sólo quedamos cuatro pringaos con la mente puesta en agosto, ell@s salen de donde quiera que estén el resto del año para campar a sus anchas. No quiero decir que sean delincuentes ni nada por el estilo pero sí son incómodos de ver y de tolerar.

Ejemplos: chonis embarazadas cigarro en mano (lo cual provoca, absurdamente, que yo tire de inmediato el mío), chonis en el bus con la música (por llamarlo de alguna manera que todo el mundo pueda entender) en el móvil a todo trapo. Tendrás "suerte" si te toca regetón, aunque lo más probable es que te toquen los grandes éxitos de cualquier grupo/duo con aires "flamenquitos" y letras imposibles. Podría perfectamente ignorarlo, pero algo dentro de mi cabeza me obliga a escuchar. Estaré pagando un karma o es que sencillamente debo dejar el transporte urbano?. Lo sentiría porque me resulta muy cómodo, aunque no se si me compensa la mala leche que acumulo.



También podría enchufarme a mi ipod, centrame en mi libro o en el chico de enfrente o derramar cientos de kilotones de miradas desaprovadoras alrededor pero creo que tampoco funcionaría.
Se trata del "misterio y la fascinación" de la gente. Mi amiga Clara Clarividente, en aquellos maravillosos años de porros y chucherías en los que todavía era capaz de hilar una frase gramaticalmente correcta (luego vino su absurdo problemilla con los adverbios y los adjetivos), decía cada cinco segundos su ya mítica frase: "cómo es la gente...".

Efectivamente. Cómo es la gente...

lunes 20 de julio de 2009

Balenciaga Homme









sábado 18 de julio de 2009

La música de Alterego



George Michael
Freedom 90

martes 14 de julio de 2009

LBD Summer



Alexander McQueen



Maison Martin Margiela



L´Warren Scott



Giambattista Valli



Ann Demeulemeester



Chanel



Armand Basi One.

The Little Black Dress.
Le Petit Robe Noire.
El Vestidito Negro.
Probablemente, la mayor aportación a la moda del siglo XX que sigue siendo revisitado y reinterpretado en el XXI temporada tras temporada.

sábado 11 de julio de 2009

La música de Alterego



CatPeople
Radio

miércoles 8 de julio de 2009

Zapatos Prestados







Con telas recicladas de anteriores desfiles, con menos luz, sin flores en la pasarela y sin claveles en los asientos de los invitados, con apenas bordados debido a que ya no tiene bordadoras, con poco color, con pocas combinaciones de esas que hacían suspirar, con zapatos prestados, el Maestro Lacroix ha tirado de pasión para presentar la que puede ser su última colección de Costura.
No suelo comentar desfile a desfile. Prefiero hacerme eco de lo que me gusta, me disgusta o me emociona. Y el desfile de Lacroix me ha emocionado.
Porque no se rinde, porque probablemente sea el último gran couturier de los de antaño, porque el ruido de los acreedores en la puerta no puede hacernos olvidar los momentos que nos ha dado. Porque le mueve la pasión por lo que hace y eso merece el máximo RESPETO.
Conozco a un señor que en los difíciles tiempos de la posguerra hizo la Primera Comunión con unos zapatos prestados. A día de hoy no lo ha olvidado. A día de hoy guarda eterna gratitud a la señora (eso sí es una Señora) que se los prestó para que pudiera comulgar. A día de hoy se le llenan los ojos de lágrimas cuando lo recuerda.
Como a la gélida Roitfield abrazando al Maestro.
Es el poder de unos zapatos prestados.
Son aquellas pequeñas cosas...