
A G le encanta un programa que ponen los martes por la noche en La 1: Los mejores años. Factoría Gestmusic para el mundo. Es fascinante, no por las canciones, que son previsibles, mal escogidas y casi siempre mal interpretadas por triunfitos de 2ª división. Tampoco por las supuestas gracias de Sobera ni de sus ayudantes, que si una es mala la otra es peor.
Su encanto tampoco reside en las monerías sin límite de Iván (K) que cada día está más loca, si eso fuera posible. Ni en el gran Chepablo que iba a ser el próximo Alejandro Sanz y se quedó en pianista de Cine de Barrio. La verdadera fascinación estriba en ver el paso del tiempo que sin piedad alguna (como suele ser su costumbre), arrasa con todo aquello que el bisturí no remedia.
Así, es posible ver a la grandísima Patty Bravo mil años más joven en 2009 que en 1968. Porque, por si quedaba alguna duda, varias pantallas gigantes recuerdan al respetable quién eres mientras ven (atónitos la mayoría de las veces) en qué te has convertido.

Mención aparte merece el cantante de The Blow Monkeys (típico grupo de los 80´s máximo exponente de los one hit artist) que parece que se comió a aquel semidiós de flequillo y todavía no lo ha digerido del todo. O Danza Invisible que parecen directamente sacados de un geriátrico para la actuación (lo que les pagan debe dar pánico) o La Guardia, o Seguridad Social (otro que se comió al cantante) por no hablar de viejas glorias como Los Brincos, Los Bravos, Salomé... que directamente, no pueden ni con el micro.
Si el paso del tiempo es inexorable y cruel, no lo es más con los astros del pop?. No me refiero a los que siguen en activo que a fuerza de verlos y de generosos retoques parece que el tiempo los ignore, sino a aquellos que todos tenemos en mente como una imagen congelada en el tiempo.
Si una noche de borrachera gloriosa bailas descontroladamente Sabor de Amor (mientras cantas con más sentimiento que acierto), es a un señor mayor con ojeras y movientos espamódicos a quien ves en tu cabeza o a un veinteañero de pocos kilos y muchas hombreras?. Es más demoledor el paso del tiempo con ellos que con el resto de los mortales o es que al estar más expuestos es más evidente?.
Alguien dirá que todo esto da igual, que es pura frivolidad, que lo importante es que una canción sea lo suficientemente buena como para que perdure en el tiempo y bla, bla, bla. Y posiblemente sea cierto. Pero no es menos cierto que no nos gusta ver envejecer a los ídolos sean cuales sean y del ámbito que sea. Lo mismo me da Simon Le Bon intentando volver (con la frente marchita) por sus fueros que Pelé anunciando Viagra.

Alguien reconoce en la actual Sara Montiel a la responsable directa de millones de masturbaciones masculinas (y femeninas) en El Último Cuplé o La Violetera?. Son dos personas distintas que nada tienen que ver entre sí.
En cierta ocasión, una señora muy mayor y muy sabia a la que adoraba, hablando del paso del tiempo me dijo: "lo que eres fuí y lo que soy, serás y si no, pobre de tí!". Acto seguido, añadió: "vaya mierda!". Creo que ahí se resume todo. Cuando José María Cano dejó Mecano dijo que ya no tenía edad para estar en una banda de pop. Así como el rock tolera bastante mejor las canas y las arrugas (Rolling Stones, Bob Dylan, Patti Smith, Crissie Hinde...) el pop es más tiránico porque se nutre de belleza, talento y juventud.
De estos tres ingredientes básicos, los dos primeros se tienen o no y el tercero es tan efímero que cuando quieres darte cuenta, ya sólo le ves la espalda en la lejanía.
Pura crueldad.
Y hablando de belleza y juventud, Robert Pattison en las fotos. Es el protagonista absoluto de Crepúsculo (el Dirty Dancing de los 2000 aunque mejor) y mi última obsesión.

